Mi amiga la televisión.
Recientemente fui a visitar a unos familiares que tienen un niño de 6 años, llamado Miguel. Como hacía mucho que no lo veía quise saber de su vida, y le pregunté si tenía muchos amigos. Miguel me respondió que su mejor amiga era la televisión. Los padres de miguel trabajan hasta tarde y él está casi siempre con sus abuelos. Desgraciadamente el caso de Miguel no es el único.
El consejo audiovisual de Andalucía (CAA) ha publicado el informe general sobre menores y televisión. Este informe da como resultado que el 31,5 por ciento de los hogares andaluces tienen una televisión en la habitación de los niños y que el control de los padres es prácticamente inexistente. Los menores de doce años, dice el informe, ven la televisión más de dos horas al día, y tres horas los fines de semana. Lo que ven, sin el control de los padres, ya podrán ustedes imaginárselo: telenovelas, programas de artes marciales y las comedias de situación; contenidos que solo 26 de los 50 programas más vistos entre los niños de 4 a 12 años corresponden a contenidos específicamente infantiles. Es decir, que los niños ven lo que no deben, todo lo que quieren y sin control, esa parece ser la conclusión del informe oficial.
En un periódico local se recogía el caso que se le presentó a un juzgado de familia de Málaga, donde un padre reclamaba la custodia de sus hijos. La juez le preguntó cómo pensaba organizarse, a lo que el padre respondió:”Levanto a los niños y los dejo en la parada del autobús escolar; mi pareja los recoge del colegio y los lleva a casa de mis padres, donde almuerzan, meriendan y cenan, y a las diez de la noche los recojo”.
También un estudio de la Fundación SM, la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE y el Movimiento Junior AC, revela que el 27% de los niños de España se sienten solos al llegar a casa tras la jornada escolar, y echan mano de su amiga la tele o su amigo el ordenador para pasar el rato.
La televisión y el horario laboral de los padres son dos de los principales peligros de los niños hoy en día. Así lo pone de manifiesto un decálogo elaborado por la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, con el que alerta de las graves consecuencias que tienen los horarios irracionales de los padres.
Estos horarios son los responsables de que los niños pasen muchas horas buscando el cariño que les falta. Ese cariño lo encuentran en forma de personaje televisivo, que no siempre es inofensivo, y que tratarán de imitar. Muchas veces no saben diferenciar entre la fantasía presentada en la televisión y la realidad. Están bajo la influencia de miles de anuncios comerciales que ven al año, basados, la mayoría, en bebidas alcohólicas, comidas malsanas (caramelos y cereales cubiertos de azúcar), comidas de preparación rápida y juguetes. La violencia, la sexualidad, los estereotipos de raza y de género y el abuso de drogas y alcohol son temas comunes en los programas de televisión. Los jóvenes impresionables pueden asumir que lo que se ve en televisión es lo normal, es seguro y es aceptable. Por consecuencia, la televisión también expone a los niños a tipos de comportamiento y actitudes que pueden ser abrumadores y difíciles de comprender.
Si los padres están, pueden seleccionar programas específicos para los niños y adecuados para el nivel de desarrollo de su hijo. Establecer ciertos períodos cuando el televisor esté apagado. Las horas de estudio deben dedicarse al aprendizaje, y no para sentarse frente a la televisión mientras tratan de hacer las tareas. Las horas de las comidas son tiempo para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión.
Es verdad que los trabajos tienen el horario que tienen, pero también es verdad que una sociedad que quiera prosperar y que desee un futuro de bienestar para sus individuos, debe ante todo respetar a sus niños. Aquellas sociedades que no estén atentas a sus infantes están llamadas a una absoluta degradación.