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Ley muerte

Hace muchos años, cuando era más joven, quedé perplejo ante una pintada en una pared de mi ciudad que decía: “Aborto libre para las trabajadoras”.  Este mensaje reflejaba lo que un sector de los partidos políticos han apoyado,  e incluso alentado, como una opción factible frente a un embarazo no deseado.   En aquel entonces, ya se sabía que existía el negocio de las clínicas donde se practicaban los abortos, así como los métodos agresivos, salvajes e inhumanos que se utilizan para llevar a cabo esta práctica de exterminio. Aun así, se sacó a delante una ley para respaldar jurídicamente aquellos embarazos. Pero los abortos no han disminuido, todo lo contrario han aumentado. No existió nunca una política de concienciación, ni de educación seria, que evitara los embarazos no deseados.

 

El aborto crece a un ritmo de un 10% cada año. En 2007 se realizaron 112.138 interrupciones voluntarias del embarazo.  El Gobierno reconoce que las políticas de prevención están fallando, pero la única medida que ha puesto sobre la mesa es una ley de plazos, que en la práctica significa aborto libre hasta una determinada semana de la gestación. Pero en ningún momento ha reconocido la evidente lógica lucrativa que esconde el aborto.

 
Un rápido vistazo a las estadísticas permite detectar la espiral empresarial que promueve el crecimiento de la práctica de abortos. El 87,37% de las interrupciones se realizan en clínicas privadas. Y la razón fundamental de este monopolio, es que una gran mayoría de abortos no pasaría una rigurosa aplicación de la ley en los hospitales públicos.

   
Y cuando el sector público se niega a realizar verdaderos abortos ilegales, las clínicas privadas encuentran un sabroso negocio al que acceden con total facilidad, firmando certificados médicos que justifican con “el daño físico o psíquico para la madre”.

   
La facturación estimada sobre los 112.138 abortos del año 2007, ronda la cifra de 50 millones de euros. Las tarifas de los abortos se mueven entre los 345 euros (para interrupciones de hasta 12 semanas) y los casi 1.700 euros para los que se llevan a cabo después de las 21 semanas. Sólo los 2.614 abortos que se realizaron sobre fetos de más de cinco meses, dieron a las clínicas un negocio de más de tres millones y medio de euros.

 

Mientras tanto, se prepara por parte del gobierno una ley que atiende las demandas de las clínicas de abortos, que piden “aborto voluntario, gratuito y de calidad en todo el territorio”, hasta las 24 semanas de gestación.

El asesinato de un bebé no nacido se produce, además de por algunos métodos domésticos, a través de los siguientes métodos: Por envenenamiento salino, que consiste en inyectarle a la bolsa amniótica una solución salina, que le producirá la muerte 12 horas más tarde por envenenamiento, deshidratación, hemorragia del cerebro y de otros órganos. Esta solución salina produce quemaduras graves en la piel del bebé. Unas horas más tarde, la madre comienza “el parto” y da a luz un bebé muerto o moribundo, muchas veces en movimiento. Este método se utiliza después de las 16 semanas de embarazo.

 Por Succión, insertando en el útero un tubo hueco, que tiene un borde afilado. Una fuerte succión (28 veces más fuerte que la de una aspiradora casera) despedaza el cuerpo del bebé que se está desarrollando. El abortista introduce luego una pinza para extraer el cráneo, que suele no salir por el tubo de succión. Algunas veces las partes más pequeñas del cuerpo del bebé pueden identificarse. Casi el 95% de los abortos en los países desarrollados se realizan de esta forma.

Por Dilatación y Curetaje, utilizando una cureta o cuchillo, provisto de una cucharilla filosa en la punta con la cual se va cortando al bebé en pedazos con el fin de facilitar su extracción por el cuello de la matriz. Durante el segundo y el tercer trimestre del embarazo el bebé es ya demasiado grande para extraerlo por succión; entonces se utiliza el método llamado por dilatación y curetaje. La cureta se emplea para desmembrar al bebé, sacándose luego en pedazos con ayuda de los forceps. Este método está convirtiéndose en el más usual.

 

Quedan cuatro o cinco de los métodos más espantosos que los anteriores, que siempre dejan en las mujeres que abortan terribles secuelas psicológicas. Quizás, si alguien les explicara qué es lo que van a hacer realmente, no abortarían. Quizás, si existiera un compromiso verdadero entre todos los que tienen el poder, se podrían hacer campañas efectivas que redujeran los embarazos no deseados. Pero, por ahora, lo que tenemos es un poder político que busca encarecidamente el voto, a cualquier precio, mediante leyes que contenten a una parte de su electorado.

 

Mi amiga la televisión.

Mi amiga la televisión.

Recientemente fui a visitar a unos familiares que tienen un niño de 6 años, llamado Miguel. Como hacía mucho que no lo veía quise saber de su vida, y le pregunté si tenía muchos amigos. Miguel me respondió que su mejor amiga era la televisión. Los padres de miguel trabajan hasta tarde y él está casi siempre con sus abuelos. Desgraciadamente el caso de Miguel no es el único.

El consejo audiovisual de Andalucía (CAA) ha publicado el informe general sobre menores y televisión. Este informe da como resultado que el 31,5 por ciento de los hogares andaluces tienen una televisión en la habitación de los niños y que el control de los padres es prácticamente inexistente. Los menores de doce años, dice el informe, ven la televisión más de dos horas al día, y tres horas los fines de semana. Lo que ven, sin el control de los padres, ya podrán ustedes imaginárselo: telenovelas, programas de artes marciales y las comedias de situación; contenidos que solo 26 de los 50 programas más vistos entre los niños de 4 a 12 años corresponden a contenidos específicamente infantiles. Es decir, que los niños ven lo que no deben, todo lo que quieren y sin control, esa parece ser la conclusión del informe oficial.

En un periódico local se recogía el caso que se le presentó a un juzgado de familia de Málaga, donde un padre reclamaba la custodia de sus hijos. La juez le preguntó cómo pensaba organizarse, a lo que el padre respondió:”Levanto a los niños y los dejo en la parada del autobús escolar; mi pareja los recoge del colegio y los lleva a casa de mis padres, donde almuerzan, meriendan y cenan, y a las diez de la noche los recojo”.

También un estudio de la Fundación SM, la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE y el Movimiento Junior AC, revela que el 27% de los niños de España se sienten solos al llegar a casa tras la jornada escolar, y echan mano de su amiga la tele o su amigo el ordenador para pasar el rato.

La televisión y el horario laboral de los padres son dos de los principales peligros de los niños hoy en día. Así lo pone de manifiesto un decálogo elaborado por la Comisión  Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, con el que alerta de las graves consecuencias que tienen los horarios irracionales de los padres.

Estos horarios son los responsables de que los niños pasen muchas horas buscando el cariño que les falta. Ese cariño lo encuentran en forma de personaje televisivo, que no siempre es inofensivo, y que tratarán de imitar. Muchas veces no saben diferenciar entre la fantasía presentada en la televisión y la realidad. Están bajo la influencia de miles de anuncios comerciales que ven al año, basados, la mayoría, en bebidas alcohólicas, comidas malsanas (caramelos y cereales cubiertos de azúcar), comidas de preparación rápida y juguetes. La violencia, la sexualidad, los estereotipos de raza y de género y el abuso de drogas y alcohol son temas comunes en los programas de televisión. Los jóvenes impresionables pueden asumir que lo que se ve en televisión es lo normal, es seguro y es aceptable. Por consecuencia, la televisión también expone a los niños a tipos de comportamiento y actitudes que pueden ser abrumadores y difíciles de comprender.

Si los padres están, pueden seleccionar programas específicos para los niños y adecuados para el nivel de desarrollo de su hijo. Establecer ciertos períodos cuando el televisor esté apagado. Las horas de estudio deben dedicarse al aprendizaje, y no para sentarse frente a la televisión mientras tratan de hacer las tareas. Las horas de las comidas son tiempo para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión.

Es verdad que los trabajos tienen el horario que tienen, pero también es verdad que una sociedad que quiera prosperar y que desee un futuro de bienestar para sus individuos, debe ante todo respetar a sus niños. Aquellas sociedades que no estén atentas a sus infantes están llamadas a una absoluta degradación.

Niño cliente

Así define Daniel Pennacen, en su libro Mal de escuela, a la niñez de hoy en día. Adquisidores que acceden a la propiedad sin contrapartida. Consumidores por el solo hecho de existir. Hoy los niños y jovenes lo tienen todo sin haber pegado golpe. 

Se me vino a la cabeza esta definición de Daniel Pennacen, cuando leí en la prensa la noticia de la matanza, en un instituto Finlandes, perpetrada por un joven obsesionado con un mundo virtual, que llevó a la realidad de forma trágica. ¡Un instituto Finlandes!, ¿Pero estos no eran los que sacaban muy buena nota en el informe PISA?, ahora si que no entiendo nada. Resulta que los que se supone que son los mejores educando, tienen jovenes asesinos en sus aulas. ¿Depende pues las alteraciones mentales de estos individuos de los sistemas educativos?, ¿Puede el uso ilimitado de la red ser más penetrante en las mentes, que la educación reglada?.

El comportamiento de jovenes como el del asesino Finlandes, demuestra como está influyendo la red en los niños, y los comportamientos que pueden llegar a tener cuando son más mayores. La red es un arma de doble filo, que da el conocimiento instantaneo de cualquier cosa. Lo que parecia muy útil e inofensivo cuando se creo, hoy es un conducto que lleva con facilidad lo bueno y lo malo a las mentes de miles de personas en cualquier parte de la tierra. Pero si esas personas son niños…. Creen poseerlo todo y se hacen antisociales. La sociedad debe reaccionar, ¿Pero como?