“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.
Diálogo final Blade Runner. 1982. Ridley Scott
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El diálogo final de este clásico de la ciencia ficción inspira las primeras reflexiones de mi ejercicio… Roy es un replicante, es decir un robot androide creado a imagen y semejanza de los humanos para suplantar a éstos en el ingrato trabajo de la guerra y la colonización espacial. Los replicantes representan la utopía de la maquina que se convierte en hombre y adquiere autonomía de acción y pensamiento. Todo ello para acabar preguntándose lo mismo que un humano ¿Dónde vamos? …
Si damos por bueno el concepto de sociedad en transición aceptamos también que hemos iniciado un camino y que éste tiene una meta. Toda hipótesis de futuro es una especulación osada, pero lo cierto es que Blade Runner retrató por primera vez una sociedad tecnológica y ciberpunk, que 30 años después no parece tan ajena: el neotribalismo postmoderno y el desarrollo exponencial de la tecnología nos acercan, al menos en parte, al universo de Scott.
Es verdad que la tecnología no ha avanzado demasiado en el sueño creacionista del robot androide, y se puede afirmar que el objetivo de crear una maquina semejante al hombre sigue siendo ciencia ficción. Pero qué sucede si invertimos el proceso, esto es, que el hombre se convierta en maquina (por cierto que también el cine nos ha traído reflexiones de esta naturaleza como Robocop).
Más allá de todas las herramientas manuales o vehiculares que permiten al hombre hacer cosas que por sí solos no podrían, quiero resaltar el papel omnipresente de las maquinas en la comunicación. La domesticación de la tecnología, término acuñado por Silverstone, junto con otros fenómenos globales, ha impulsado la aparición de la sociedad red, donde la comunicación pasa de una lógica masiva a una lógica de mediación.
Las pantallas, símbolo visual de la invasión tecnológica de la comunicación humana, median entre nosotros como nunca lo habían hecho. El ordenador, la televisión, el móvil, el cine, la cámara… protagonizan millones de comunicaciones por minuto. Es verdad que hay personas tras las pantallas, pero si recordamos la idea de McLuhan -el medio es el mensaje-, podemos afirmar que la maquina, en este caso como medio/canal, tiene un peso decisivo en el acto de comunicación.
Hay dos ideas que considero claves a la hora de ponderar el peso de las maquinas/pantallas, en la comunicación.
La primera es una que aporta Castells, la preponderancia de los flujos a los lugares. Está claro que los nuevos medios han roto las ataduras del espacio/tiempo, ahora ni es preciso estar en el lugar ni en el momento justo que se produce la comunicación. Mandas un SMS que llega inmediatamente a Canada, aunque el receptor no lo ve hasta dentro de varias horas, quizá porque estaba leyendo un artículo del año pasado colgado en la web. No obstante, las barreras de tiempo y espacio ya habían sido superadas en cierto sentido con los medios de la modernidad.
Es la segunda idea la que me parece más interesante, y con la concluyo estas reflexiones sobre la era de la información. Donde de verdad queda patente el valor mediador de las maquinas, es en los entornos virtuales. Las realidades virtuales son recreaciones que nos permiten interactuar con otras maquinas o con personas reales en mundo figurado. Podemos representarnos a nosotros mismos, como en el facebook o interpretar un elfo oscuro, como en el juego online Word of Warcraft.
La realidad virtual nos acerca mucho a la idea de que un hombre se convierta en maquina (hace poco han estrenado la película Gamer, que abunda en este tipo de dilemas). Es cierto que soy yo quién escribe en el facebook, pero acaso lo que ven mis amigos no es una representación virtual de mi (un avatar, unas fotos…) También hay personas detrás de los juegos online, pero todos ellos conforman un universo paralelo de entornos virtuales, donde ni siquiera se interpretan a sí mismos.
Lo físico permanece de momento inalterable, somos quienes somos y punto (los injertos biónicos son otro clásico de la ciencia ficción), pero todo aquello que comunicamos se trasvasa, cada vez en mayor proporción, a mundos virtuales mediados. Si la sociedades humanas se caracterizan por ser conjuntos de sistemas interconectados mediante procesos comunicativos, y estos procesos se desarrollan cada vez más a través de las pantallas, la idea de el hombre/maquina no queda tan lejana. Sólo que la evolución es al contrario de cómo la retrató Ridley Scott, no hay maquinas que se estén convirtiendo en hombres (de momento), sino hombres que se están convirtiendo en maquinas…