El Sahara Occidental soporta dos desgracias que le asfixian. La primera haber sido colonia española hasta 1975. La segunda la anexión del territorio por parte de Marruecos desde 1975 con el consentimiento del Gobierno español de la época, el General Franco aun vivía, aunque en estado agónico.
Los mandatarios españoles de la colonia se comprometieron con la población saharaui. Prometieron que no les abandonarían a las ansias expansionistas del Gobierno de Marruecos, pero de un día al otro los españoles salieron del territorio y las promesas se desvanecieron. Los sucesivos Gobiernos españoles a partir de la muerte de Franco han declarado siempre de forma retórica el apoyo al Sahara Occidental pero sus actuaciones son y han sido de sometimiento al gobierno marroquí por puros intereses económicos.
El Gobierno marroquí es uno de nuestros primeros clientes en la compra de armas, minas antipersona incluidas, que utiliza en contra de la población saharaui. El Gobierno marroquí utiliza el control de sus aguas territoriales como medida de presión para autorizar o no la pesca por parte de la flota española, que por otra parte esquilma sus caladeros con prácticas de pesca de arrastre, aduciendo cualquier tipo de argumento, principalmente el “ecológico”, las famosas “paradas biológicas”. El Gobierno marroquí mantiene a raya, siempre con las fluctuaciones oportunas, a los miles de inmigrantes procedentes de toda África que pretenden entrar en Europa por su frontera sur; a nuestro Gobierno le interesa que sean las Autoridades y la policía marroquí quienes traten brutalmente a quienes esperan en su territorio para cruzar el Estrecho de Gibraltar en patera o en otros medios, el Gobierno español es europeo y no podría utilizar los mismos medios: palizas, detenciones indiscriminadas, abandono en mitad del desierto sin probablidades de sobrevivir o los disparos por la espalda cuando pretenden saltar el muro construido en Ceuta y Melilla.
El Gobierno marroquí es un buen cliente de Europa y Estados Unidos que no ejercen realmente presión alguna para resolver la situación que mantiene a la población saharaui como prisionera en sus territorios o bien exiliada en la terrible hamada, los campamentos de refugiados en el Tinduf, el desierto argelino desde hace casi 40 años.
Recientemente el Gobierno español actual, presidido por el Sr. Rodríguez Zapatero, muestra de nuevo los mismos comportamientos. Desde hace semanas la señora Aminetu Haidar, saharaui, vive en el aeropuerto de Lanzarote a donde llegó de forma ilegal cuando las autoridades marroquíes la despojaron de su pasaporte y las autoridades españolas la dejaron entrar en nuestro territorio sin documentación. Su actitud coherente y digna es calificada de insensata por el Sr. Moratinos, nuestro Ministro de Asuntos Exteriores. El Gobierno español, saltándose sus propias leyes y los derechos humanos más evidentes, se ha metido en un callejón de difícil salida a causa de la presión del Gobierno marroquí.
Me pregunto que entiende nuestro Gobierno cuando habla de “Alianza de Civilizaciones”. Sus actuaciones hacen más bien pensar en Alianzas palaciegas con personajes que pueblan una Corte sátrapa y represora que mantiene a su pueblo en la pobreza y la falta de perspectivas vitales, que reprime cualquier tipo de libertad de expresión y que dedica la mayor parte de sus ingresos a la compra de armamentos y a los fastos de su Corte ¿Para cuando la ética en la política?