Author Archive for fsanchezcar

LOS PELIGROS DE NO TENER ANUNCIOS

Que el nuevo sistema de financiación de la radiotelevisión pública estatal iba a tener muchos problemas es algo con lo que había que contar, desde que hace seis meses empezaron a anunciarnos como el mejor de los escenarios posibles una TVE sin publicidad. Ya está la Comisión Europea con la lupa sobre el tema (http://www.expansion.com/2009/12/02/empresas/medios/1259789348.html), e, intuitivamente, uno pensaba: “demasiado complicado para funcionar bien”.

Es difícil dudar de las buenas intenciones de la medida, y de que había que romper con una situación de interferencia en el mercado de la comunicación por parte de un organismo público que no competía en igualdad de condiciones con quienes se estaban jugando sus inversiones en un entorno de riesgo. Pero la resolución del problema de financiación de ese servicio público se hace con un cóctel muy enrevesado de instrumentos, entre los que encontramos el impuesto puro y duro (tasas sobre el espectro radioeléctrico), con dos tasas de nueva creación sobre la facturación de las privadas y los operadores de radiotelecomunicaciones, y la intervención sobre el mercado de la publicidad en forma de autoregulación y salida del mercado (desplazamiento de la porción de tarta de anunciantes desde TVE hacia sus antiguas competidoras). Todo esto para que, al final, los 550 millones en que está presupuestado el servicio público de información no salga de nuestros bolsillos directamente vía presupuestos generales del Estado. Una muy buena nota informativa del Instituto de Empresa muestra gráficamente el flujo de millones de unos sectores a otros (http://www.enter.ie.edu/enter/mybox/cms/11376.pdf).

Hay un par de cuestiones que no termino de ver en todo este proceso. En primer lugar, se nos cuenta que los 140 millones que las privadas han de aportar a RTVE son como compensación por los menos ingresos publicitarios que esta va a recibir y que se desviarán a Telecinco, Antena3, Prisa y demás. Pero, cabe preguntarse, ¿quién puede estar seguro de que una televisión pública sin publicidad no va a devorar el tiempo de share de las privadas, de forma que al final los anunciantes no estén dispuestos a seguir pagando segundos a precio de oro? Y, más aún, ¿cómo casa esto con las normas comunitarias sobre minutajes de publicidad sobre el total y concentraciones de anuncios por hora? (http://www20.gencat.cat/docs/governacio/Telecomunicacions%20i%20Societat%20de%20la%20Informacio/Documents/Dades%20i%20estadistiques/Arxius/resum_marco_regulatorio_eu_comunicaciones_electronico.pdf)

Otro asunto, a los operadores de telecomunicaciones se les va a cargar una tasa para recaudar otros 150 millones para RTVE. Pero esos operadores son empresas privadas ubicadas en un mercado de competencia feroz, aunque imperfecto (con todavía Telefónica en posición de predominio en muchos casos), y que al final van a trasladar esa tasa a los precios. Además, estas empresas ya pagan a la comunidad por el uso del espacio radioeléctrico. Chirría un poco que tengan que pagar también para que TVE viva sin publicidad.

Aunque esto es solo un apunte y habría mucho sobre lo que debatir, parece ser que un servicio público se va a financiar por parte de los usuarios de los servicios de telecomunicaciones (telefonía fija y móvil, principalmente), y que hay un peligro cierto de desestabilización económica sobre las empresas privadas de televisión, ya suficientemente amenzadas por las autonómicas (estas sí siguen con la doble vía de financiación: publicidad-impuestos-deuda), y la inexorable intrusión de Internet.

Conozco otros sectores no vinculados a la información (como el transporte), en que los servicios públicos no se financian con tasas directas sobre otros operadores que trabajan en el mismo mercado que la empresa pública, sino a través de los presupuestos generales. Insisto, todo esto de RTVE suena demasiado complicado.

SEMANA DE DEBATE POR LA SUPERVIVENCIA DE LA PRENSA

Esta semana que acaba nos ha ofrecido interesantes aportaciones a propósito del problema de la supervivencia económica de la prensa escrita en el mundo digital.

El martes 10, en la Tribuna del diario El Mundo (página 21) se extractaba una conferencia del director del Wall Street Journal, Robert Thomson, en la que se recogían algunas ideas ilustrativas para abordar el asunto de la propiedad intelectual y la libertad de opinión. A saber, que “los periodistas deberían ser rebeldes y combativos, no perritos falderos con ordenadores portátiles ni militantes sumisos de un movimiento político” (…), que la política de gratuidad de los contenidos “beneficiaba a los que los distribuían -léase Google-, pero no a los que los producen” (…), y que el coste social de desaparición de las estructuras empresariales periodísticas “será incluso todavía mayor si los que que informan, los que rastrean los datos y los que proporcionan análisis sesudos se convierten en especies en peligro de extinción. ¿Sobre qué basarán entonces los blogueros sus opiniones?”.

Al día siguiente, El País (página 52) se hacía eco de una noticia según la cual Rupert Murdoch amenazaba con prohibir a Google, la BBC y la ABC -la cadena de televisión- establecer vínculos con las noticias de sus medios, agregando que, los tres portales citados “tendrán que pagar a muchos más reporteros para informar de lo que ocurre en el mundo, si no pueden robar a los periódicos”. Evidentemente, buena parte del mercado publicitario se está desplazando desde los periódicos digitales a Google y otros portales de noticias, porque estos y no las webs propias de las empresas de Murdoch son en muchos casos la principal vía de acceso al material informativo.

El jueves fue el presidente de la Asociación de Editores de Diarios Españoles, Antonio Fernández-Galiano, quien en la página 45 de El Mundo volvía a sacar el tema de la crisis del tradicional modelo de negocio en la sociedad digital, de la competencia desleal de las empresas agregadoras de noticias (otra vez Google News). Recordaba que no valen de nada las ayudas estatales cuando lo que está en juego es la libertad de opinión, y que el sector ha perdido nada menos que el 40% de ingresos publicitarios en dos años. ¿Qué empresa aguanta eso?

El problema es digno de entrar en la agenda de una política de información por tocar uno de los pilares de las sociedades demócráticas occidentales. Por un lado, afecta de lleno a la propiedad intelectual, dado que tanto en los agregadores como en los portales hay una manipulación por selección y forma de los contenidos elaborados por terceros (las redacciones de periódicos).

Por otro lado, desde el punto de vista operativo (¿cómo establecer el sistema de compensación económica visto el desastre en que se ha convertido la gestión de derechos audiovisuales?), como político (¿seguro que es libre aquella empresa que el Estado subvenciona?), el asunto tiene mal arreglo. Esto dejando fuera la consideración de que estamos ante un problema planetario.

Pero no nos podemos resignar a no dar valor (reconocimiento y dinero, fundamentalmente) a los profesionales y empresas que gestionan las noticias y contenidos, las contrastan, las complementan. Se correría el riesgo de convertir la información en la web en nada más que sucintos flashes de no más de cuatro lineas. La sociedad debería garantizarse a sí misma estar convenientemente informada para ejercer su libertad.

Ahora que la crisis nos ha puesto de manifiesto que eso de dejar a las “fuerzas del mercado” actuar solas no siempre lleva a buen sitio, tampoco deberíamos dejar que el “viento de Internet” se lleve por delante al cuarto poder.

Todavía es necesario hablar de “libertad de prensa”

Diario El País, página 40 de la edición impresa del pasado día 21. Sorprendente noticia:

España retrocede al puesto 46 en libertad de prensa”. Y nosotros que nos creíamos…..No sólo estábamos mal, sino que vamos a peor, apostillo.

El artículo resume las principales novedades el último informe elaborado por Reporteros Sin Fronteras a propósito de la libertad de los medios, según en cual, el descenso de la calidad de esa libertad en el país se debe a:

  • La extorsión de los terroristas de ETA, en forma de bombas, a los medios que no contemplan el mundo como ellos y a

  • La información de las campañas electorales basada en los resúmenes “enlatados” de las actividades de los candidatos, y que los partidos remiten a las redacciones para su difusión, sin intervención de los medios.

Un par de datos adicionales, resultan muy esclarecedores: que la salida de Bush de la Casa Blanca le ha supuesto a los estadounidenses subir del puesto 40 al 20 en libertad de prensa; y que algo debe de pasar en Israel cuando solo aparece en la casilla 93 de esta clasificación.

Aunque hoy tengamos la tendencia a centrar las políticas de información en el desarrollo de la Sociedad de la Información, no deberíamos dejar pasar por alto la interrelación de aquellas con el derecho del ciudadano al acceso a opiniones múltiples, libres e independientes, por mucho que las TIC nos hagan perder el foco.

La primera de las amenazas detectadas por RSF, la de ETA,  terminará probablemente desapareciendo con el tiempo; la segunda es más sibilina, porque esconde el pacto, cercano a la colusión, entre las cadenas de medios y los poderes públicos, a los que cada vez deben más, dada la facultad de estos de gestionar el espacio radioeléctrico, las concentraciones accionariales, las adaptaciones tecnológicas, y el acceso a contenidos privilegiados. Repárese en que RSF incluye en su metodología de análisis las “presiones administrativas, judiciales y económicas” (http://www.rsf.org/IMG/pdf/quest_es.pdf).

En la Comisión Europea, Viviane Reding, comisaria para la Sociedad de la Información y los Medios, ha hecho recientemente unas declaraciones a propósito de la lucha por la neutralidad de la Red en el espacio europeo (http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=SPEECH/09/446&format=HTML&aged=0&language=EN&guiLanguage=en), pero se trata de una neutralidad “tecnológica”, que busca la universalidad de la banda ancha, la protección del consumidor en el  mercado electrónico, la difusión de datos personales, o los condicionantes comerciales de los operadores de móviles.

Pero convendría no pasar por alto la neutralidad o pluralidad de contenidos, la calidad de la libertad diseñada en políticas de información.