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eAdministración: medición de uso efectivo de servicios web

Al hilo del tema de la evaluación de las políticas públicas, mencionar la presentación de una iniciativa privada muy novedosa y reciente -de finales de octubre pasado- que puede suponer un gran avance para la Administración Electrónica. Se trata del Libro Blanco de IMUE, es decir, de los Indicadores para la medición de Uso Efectivo en la administración electrónica, que le permite, a cualquier administración pública de cualquier nivel, realizar estudios de satisfacción de usuarios y mediante ellos conocer, por ejemplo, si los servicios públicos que ofrece a través de Internet responden a las expectativas de los usuarios a los que van dirigidos y en que medida lo hacen, o la rentabilidad real de estos servicios, es decir, si aportan el valor añadido esperado en relación a la inversión realizada.

 

Esta iniciativa, en mi opinión, complementa y amplia los datos aportados por el Informe eEspaña 2009, concretamente por partes del mismo, como el Estudio Comparativo 2009 de los Servicios Públicos on-line que, aunque analiza y compara la prestación de 26 servicios públicos interactivos en distintas comunidades autónomas, lo hace centrándose sobre todo en el número de iniciativas e-administrativas puestas en marcha, y el Análisis del Uso de los Procedimientos Básicos de eAdministración en las CCAA por parte de los ciudadanos y las empresas que, como bien indica en el título, solo aborda “procedimientos básicos” y hace un “análisis general […] en función del grado de utilización [midiendo] tres usos para ciudadanos y cinco para empresas”. El Libro Blanco, permite ir más allá y sumar a estos datos genéricos otros, de carácter estratégico en la toma de decisiones, como son el uso real de los servicios públicos interactivos por parte de los ciudadanos destinatarios de los mismos, mediante la aplicación de lo que denomina “tres grandes macroindicadores” que permiten conocer el nivel de acceso a los trámites (alcance), el nivel de éxito de los servicios ofrecidos más allá de su acceso (satisfacción) y el “calado” que el uso previo de los servicios tiene sobre la ciudadanía y su nivel de madurez en el uso de los mismos (retención).

 

Las administraciones públicas son burocracias maquinales, es decir, organizaciones jerárquicas, muy rutinarias y repetitivas, extremadamente normalizadas, y por lo tanto, poco flexibles y adaptables, a las que les está costando mucho asumir el paso de la gestión presencial a la virtual y del papel al entorno web 2.0. Pero tienen a su favor que son verdaderas expertas en un tipo de benchmarking, muy personal y práctico, que les permite copiar y adaptar, con resultados más que aceptables, las técnicas de gestión de la empresa privada que consideran útiles y asumibles, como la planificación estratégica o el modelo EFQM de excelencia. En este sentido creo que, una vez más, motivadas –“la necesidad agudiza el ingenio”- por la obligación de seguir modernizándose aceleradamente para responder al doble objetivo de prestar cada vez mejores servicios a ciudadanos y empresa, y al tiempo, optimizar el uso de los recursos públicos, creados y mantenidos con sus impuestos, darán una calurosa bienvenida a una iniciativa como esta, diseñada, además, específicamente para el ámbito de la e-administración.

 

Cualquier administración, con los datos –valores reales de uso- que puede obtener de aplicar una herramienta como los Indicadores para la medición de Uso Efectivo en la administración electrónica a sus servicios electrónicos, podrá ejercer la toma de decisiones con más rigor y eficiencia, lo que se traducirá, por ejemplo, en invertir los recursos en aquellos servicios que realmente interesan y necesitan los ciudadanos y hacerlo basándose en patrones de usos de los usuarios; en evaluar, para introducir mejoras, el nivel de éxito que alcanza el usuario en la utilización del servicio; o en optimizar los trámites electrónicos a partir de los datos de dificultades de uso. 

 

El que esta iniciativa privada surja justo un par de meses antes de la entrada en vigor, el 31 de diciembre próximo, de la Ley 11/2007, según la cual las administraciones públicas deberán ofrecer online el 50% de los trámites que ofrecen hasta ahora offline, supongo que habrá de atribuirlo a la “providencia” y al siempre efectivo mantra administrativo de “Sector privado proveerá” (versión actualizada del tradicional “Dios proveerá”), de los que tanto saben, por experiencia, nuestras administraciones públicas.

Gripe A y politicas de información

En la línea de las opiniones vertidas en el blog sobre la Gripe A y después de leer un artículo de J.J. Millás, ¿A quién hacemos daño?, he llegado a la conclusión de que si me tengo que posicionar sobre el tema de la Gripe A, soy de los que la perciben, más como un fiasco informativo-sanitario, que como lo que nos anunciaron la OMS o el Mº de Sanidad, es decir, como una “emergencia sanitaria mundial”, algo así como una como una pandemia apocalíptica que arrasaría con gran parte de la Humanidad.

 

En mi opinión, las políticas de información de estos organismos -basadas en convertir una situación sanitaria real de “gripe como factor de riesgo” en una situación ficticia de “gripe enfermedad muy grave”-, presentan dos desviaciones o efectos perniciosos muy importantes: por una parte alarmar, intimidar y desconcertar a la población y a los profesionales sanitarios, y por otra, estimular el interés, obsceno en ocasiones, de los medios de medios de comunicación por la información de emergencias y catástrofes, especialmente cuando el colectivo más afectado son los jóvenes, como es el caso.

 

En cuanto a lo primero, el alarmismo social y sanitario generado, ha beneficiado, una vez más curiosamente, a las farmacéuticas (vacunas, antivíricos y demás parafernalia preventiva como mascarillas, productos desinfectantes, etc.), y probablemente ha llevado a una inversión errónea y desmedida en recursos preventivos innecesarios, hasta tal punto que cabe preguntarse si no es la industria farmacéutica, es decir, intereses privados, la que dirige las decisiones en política sanitaria y por lo tanto los interese públicos e incluso si no se tratará de un caso más de mala fe o engaño sanitario.

 

En cuanto al cuestionable tratamiento del tema por parte de los medios de comunicación lo ilustra muy gráficamente la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SEPSAS) en una carta dirigida a los medios en septiembre en la que muestra su preocupación por “el modo en que los medios de comunicación de masas se hacen eco de las defunciones causadas por la nueva variante del virus de la gripe A, una a una, proporcionando detalles singulares de cada caso que poco aportan a la comprensión del proceso, pero que amplifican el impacto real de la enfermedad, con el riesgo de fomentar una alarma social que por si misma podría comportar más perjuicios que la propia pandemia gripal”. Añade que “si no somos cuidadosos […] contribuirá a fomentar una alarma cuyas consecuencias pueden ser peores que las de la propia gripe”.

 

Lo que parece que está claro, al menos de momento, es que la Gripe A, aunque es muy contagiosa entre jóvenes, es más leve que la gripe estacional; que el virus H1N1 es muy estable y puede mutar, pero también puede desaparecer; y que la pauta científica según la cual la gripe del hemisferio norte reproduce la del hemisferio sur se está cumpliendo y en éste se comportó como la estacional. Ante esta situación, creo que contribuyen mucho mejor a disminuir el alarmismo y temor de la sociedad  iniciativas como Gripe A, ante todo mucha calma con su decálogo, que otras como el Sistema de Vigilancia de la gripe en España.

 

A modo de reflexión solo añadir que ojalá las agendas públicas le dedicasen tanto tiempo, esfuerzo y medios a temas socio-sanitarios mucho más reales y tangibles como  la dependencia, el cumplimiento de los testamentos vitales, o el derecho a morir dignamente.

Reutilizacion de la información en las Administraciones Públicas

En Obama y la revolución de los datos (El Pais 05-10-2009) se habla de una iniciativa muy interesante, el portal Data.gov, creado recientemente por la administración Obama y que permite la consulta y descarga de datos públicos en EEUU. Se presenta como una herramienta práctica, aplicable y útil que parece ser, cumple lo que promete: transparencia y calidad de la información.

 

Esta información está relacionada con un tema que está de plena actualidad como es el de reutilización de la información del sector público, relacionado, a su vez, con el concepto de gobierno abierto, en el que también EEUU es pionero, y con los tres pilares del mismo, la participación y colaboración ciudadana y, muy especialmente, la transparencia.

 

Considerando el estado de la cuestión -la nuestra-, me pregunto por qué es tan complicado crear una solución del tipo de Data.gov (o copiarla directa y legalmente) para resolver el problema de la “reutilización” que existe en nuestras administraciones públicas. Admito que somos verdaderas máquinas de producir información y documentación pública, que además, lo hacemos a tres bandas, estatal, autonómica y local, y que se generan volúmenes de información muy difíciles de manejar; pero también es cierto que nos está costando mucho pasar de la fase de reflexión, debate y teorización, a la de encontrar soluciones prácticas que vayan más allá de las “actividades de formación y concienciación” o la Guía Aporta sobre reutilización de la información generada en el sector público del Proyecto Aporta; de la iniciativa del  Grupo de Interés del W3C con su traducción del documento Mejora del acceso a la Administración mediante un mejor uso de la Web; o de iniciativas independientes como el del INE o la Agencia Estatal de Meteorología con experiencia la reutilización de la información y en la creación de productos y servicios relacionados con la misma.

 

Creo que las administraciones, al intentar articular instrumentos que permitan llevar la teoría - ofrecer la información al ciudadano y a las empresas en formatos abiertos y reutilizables- a la práctica, se encuentran con hándicaps estructurales como su proverbial dificultad para desarrollar, coordinar e implementar políticas públicas; como la dificultad de concienciarse –administraciones y ciudadanos- de lo que cuesta producir la información y del importante valor económico que esta genera; o como sus tradicionales problemas de coordinación (vertical y horizontal) que se extienden a la obligación de ofrecer –procesada y clasificada para su recuperación- su información a los ciudadanos, empresas, etc.

 

Este contexto de carencias e incapacidades, en mi opinión, no permite ser muy optimista en cuanto a disponer en un futuro cercano de una herramienta tan útil como Data.gov, y todo lo que esta implica, como la existencia de una institución -la GPO en EEUU- que controle la información disponible, regule qué información pública debe ser reutilizable, mida el porcentaje de información que se reutiliza y además coordine a las distintas administraciones en materia de reutilización de información; o poder disponer de herramientas especializadas como USA Pending que permiten a ciudadanos y empresas consultar información sobre las inversiones del gobierno, o lo que es lo mismo, comprobar en que se están empleando sus impuestos y si se están empleando bien. (Por cierto, qué útil sería algo así aquí con la que está cayendo…)