Curiosa la última iniciativa del Gobierno Vasco en materia de sanidad. El personal sanitario ha sido movilizado en una lucha contra el tabaco. ¿Cómo? Los médicos de familia, pediatras, matronas, dentistas… sorprenderán uno de estos días -y aunque no venga al caso- a sus pacientes con esta pregunta : «¿Es usted fumador?». Si es que no, ahí se acabará todo, pero si la respuesta es afirmativa seguirán con su ‘ofensiva’: «¿Y ha pensado en dejar el tabaco?». Dependiendo de su contestación, seguirán adelante con su plan, que no es otro que intentar ‘desarmar’ a los fumadores, tal como recoge el Programa de Prevención y Control del Tabaquismo presentado ayer por el Gobierno vasco en el Parlamento. Más sorprendente es que esto mismo ocurrirá si el ciudadano acude a la consulta del pediatra con un hijo afactado por asma, si se trata de una embarazada que se presenta ante su matrona o su tocólogo e, incluso, si se encuentra usted con la boca abierta y a punto de sucumbir al torno del dentista. Hasta su farmacéutico podrá abordarle si aparece pidiendo un chicle de nicotina.
Hay aproximadamente más de medio millón de fumadores en Euskadi y el reto de la Administración es reducir estas cifras y para ello ha decidido movilizar a sus efectivos sanitarios en esta lucha. En esta primera fase, la metafórica ‘ofensiva’ se centra en los servicios médicos, en que éstos se impliquen para informar, aconsejar y finalmente ‘convertir’ a cada vez más vascos en ex fumadores. Los profesionales serán instruidos para poder ofrecer a sus pacientes lo que han dado en llamar el ‘consejo breve’, un empujón para que los que tengan intención, aunque sea pequeña, de dejar el hábito den el primer paso. Se trata, en lenguaje publicitario, de incrementar el número de ‘impactos’ para que los fumadores se den cuenta de su ‘error’ (insistir en lo que les puede pasar por culpa del tabaco, en las muertes que se producen, en los peligros, las enfermedades…). El concepto de ‘consejo breve’, eso que los profesionales sanitarios aportarán a partir de ahora se basa en las cinco fases, las cinco ‘A’: Primero ‘averiguar’, preguntar cuánto fuman, cuándo, dónde. Segundo, ‘aconsejar’ de forma decidida, involucrar al paciente y saber si se ha planteado dejarlo, hablar con él, iniciar un intercambio. Después, ‘apreciar’ la disposición, saber en qué fase se encuentra en su decisión de abandonar el hábito, porque si está en una fase precontemplativa, es decir, si lo ve como algo de futuro, va a ser mucho más difícil que si ya lo tiene claro. En cuarto lugar estaría la fase de ‘ayuda’, en la que, si quiere, se le emplaza a volver otro día para seguir hablando del tema. Y, por último, ‘acordar’ un plan de actuación, concretando el tiempo y la forma para la deshabituación.
Otra de las propuestas es que tres centros de salud (uno por cada provincia) elegidos entre los que tengan una mayor incidencia en adicción al tabaco tendrán unidades especializadas en tabaquismo con terapia individual o grupal. Esta ayuda estará dirigida a un sector escogido de la población, fundamentalmente a fumadores con patologías orgánicas, a aquellos que hayan tenido varios intentos previos de dejarlo y a mujeres embarazadas o con niños lactantes. Los fumadores que completen la terapia, ya sea grupal o individual, tendrán a su disposición una consulta telefónica para poder realizar un seguimiento de su proceso.
Por otro lado, y esto ya sería un futurible, el departamento de Salud estudia -y para ello ha solicitado ya la elaboración de un informe- la posibilidad de financiar tratamientos farmacológicos, es decir, chicles, pastillas, parches… Como ejemplo, un tratamiento de dos meses con pastillas de bupropion, que inhibe el deseo de fumar, cuesta entre 130 y 150 euros -algo similar al dinero que supone fumarse una cajetilla diaria durante ese mismo tiempo-.
Si cuando Osakidetza (el Servicio Vasco de Salud) anunció hace unos días que pagará los tratamientos de cambio de sexo a las personas transexuales se levantó polvareda, habrá que ver qué pasa si decide ofrecer gratis estos fármacos. Y en plena crisis. Veremos…
Saludos,
F. Rubén Lamas