Ya he hablado sobre la preocupación que me produce la difusión de las políticas de información. Esta preocupación radica en que dichas políticas se implementan con dinero público y van destinadas a los y las ciudadanos/as. Precisamente éste último destinatario en la mayoría de los casos no dispone de la cultura o educación necesaria para hacer un uso correcto y provechoso de la herramienta que ponen en sus manos. Es lo que yo llamo alfabetización informacional. Dentro del marco de dichas políticas debería, quizás, contemplarse una partida para formar al público a utilizar y sacar provecho de esa herramienta que ponen a su disposición. Los ciudadanos somos todos, pequeños, adolescentes, jóvenes, adultos y tercera edad. Todos deberían tener el conocimiento necesario sobre la política de información, para qué sirve y cómo se usa en su beneficio.
Diferencio alfabetismo digital de alfabetismo informacional, en el sentido de que el primero se refiere al acceso y manejo de la población por las herramientas digitales mientras que la segunda se refiere a saber seleccionar y usar la información que se tiene a su alcance. Por ello el digital debe ser anterior al informacional ya que de poco sirve saber seleccionar y usar la información si no sabemos utilizar las herramientas que nos permiten usarlas.
Si la brecha digital fractura nuestra población, el analfabetismo informacional vuelve a fracturarla en la parte menos numerosa, esa que sabe utilizar las nuevas tecnologías y que cada vez van siendo más las personas que tienen acceso a dichas tecnologías. Pero es un problema que debemos plantearnos y buscarle soluciones para que la población a quienes van destinadas las políticas de información puedan beneficiarse. Si este beneficio no se produce, la política de información fracasará en una parte muy importante de su finalidad.