En el Diario El País del sábado 29 de noviembre 2008 aparece este artículo de Sami Naïr. La crisis económica provocada por la insaciable codicia de los de siempre representa a mi entender una nueva vuelta de tuerca para la mayoría de las personas en Occidente y una situación todavía más insoportable para quienes soportan la pobreza extrema en tantos lugares del mundo.
http://www.elpais.com/articulo/internacional/moriran/pobreza/elpepiint/20081129elpepiint_9/Tes
Sami Naïr[1] analiza las consecuencias de la globalización liberal en los países empobrecidos, en el contexto de la crisis económica actual y propone una concepción más justa, que es a la vez más pragmática, de los fondos de ayuda al desarrollo.
Actualmente se está desarrollando en Doha, Qatar, la conferencia de las Naciones Unidas sobre la financiación del desarrollo que tiene como objetivo trazar un balance de las acciones puestas en marcha durante el Consenso de Monterrey de 2002 y sobre todo prever nuevas medidas para la realización de los Objetivos del Milenio[2].
La globalización liberal ha provocado un poderoso movimiento de privatización de la financiación exterior de los países empobrecidos que procede de lo que se ha dado en llamar la Inversión Extranjera Directa (IED), es decir, fondos privados procedentes de bancos y entidades financieras, en detrimento de la ayuda pública al desarrollo. Esta financiación de carácter privado, con unos intereses abusivos y unas condiciones leoninas ha provocado una deuda externa, imposible de afrontar por los países empobrecidos.
El autor considera que la ayuda al desarrollo, aunque sólo sea por el propio interés de los países enriquecidos, no debe depender ni de la caridad ni de la solidaridad porque se trata de una condición de crecimiento de los países enriquecidos. Propone el desarrollo de una estrategia de codesarrollo a escala mundial. Esta estrategia supondría inversiones masivas concertadas mundialmente, una especie de Plan Marshall que desencadenaría dinámicas de desarrollo duraderas, un desarrollo que tendría no sólo una función económica sino un objetivo social global.
Centra sus propuestas en el África Subsahariana, prioridad de un gran acuerdo global contra la miseria, estableciendo actuaciones de fondo en políticas sociales: infraestructuras de todo tipo, políticas educativas en especial para las mujeres, desarrollo de políticas de sanidad y gestión conjunta de los flujos migratorios. Para desarrollar estas políticas se tendría que hacer frente a dificultades importantes: hacer frente a la corrupción como factor que perpetúa la pobreza, cooperación internacional para la lucha contra la evasión de impuestos y el fraude fiscal que practican las compañías multinacionales y dar prioridad a los fondos de inversión de ayuda pública al desarrollo.
En estos momentos en que las empresas y los estados de los países enriquecidos han provocado una crisis económica de consecuencias dramáticas para la humanidad, pero especialmente para los países empobrecidos, el resultado de la Conferencia de Doha debería traducirse en propuestas concretas y no con retórica para así al menos respetar la memoria de los millones de personas que todavía morirán a causa de la pobreza.
Os recomiendo este artículo claro y conciso, su contenido no responde de ninguna manera a ideas de iluminados de izquierdas como a veces se llama a las personas que lloran por tanta injusticia y tanto sufrimiento, su autor es solamente alguien con los pies en la tierra.
[1] Sami Naïr (Tlemcen, Argelia, 23 de agosto de 1946) es un

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