Author Archive for Manuel Quevedo Rojas

¿Es la tecnología enemiga de la libertad?

Libertad vs tecnologiaNos dice Sued que determinados pensadores como Lessig o innovadores como Stallman conceptualizan la tecnología como acciones [1] más que como instrumentos, convirtiéndola así en pura política en cuanto logra poner en cuestión mecanismos que funcionan en la vida real, contribuyendo activamente al control del poder. Visto así, la tecnología no podría nunca ser neutral pues otorga ventajas competitivas en la carrera por la dominación del mundo. Pero, ¿el hecho de que pueda ser usada para coartar nuestro ámbito de actuación quiere decir que la evolución tecnológica se opone a la libertad?

La tecnología también puede ser entendida como acción política y convertirse así en instrumento de mejora en la esfera pública, siempre que su control caiga en manos de lasWe.gov instituciones democráticas. Como nos dice Bustamante a este respecto: “la tecnología aparece como condición esencial de posibilidad” [2]. En este sentido cabría preguntarse sobre quién debe ser el propietario por derecho de la tecnología: ¿el mercado o la sociedad humana? Si aceptamos que el mercado sea dueño del conocimiento y sus aplicaciones, ¿como podríamos esperar de aquel un comportamiento solidario hacia la sociedad cuando está gobernado por “el dios beneficio”?

Cada nueva tecnología nos abre siempre múltiples opciones, de construcción y de destrucción. Pero no son los instrumentos quienes deciden como ser aplicados, sino los propietarios de los mismos. Las tecnologías nos dotan de múltiples posibilidades, pero en nosotros se encuentra optar por las acciones que promuevan la libertad y defiendan los derechos de “todos” los ciudadanos frente a la apropiación de éstos y aquellas por parte de unos pocos. Así lo enfoca Bustamante en su trabajo, entrelazando íntimamente el uso de las tecnologías con la construcción social resultante.

A la velocidad constantemente acelerada en que las nuevas tecnologías influyen en la vida de los Tecnologia humanaciudadanos, estimulando su progreso o su destrucción, la educación de las nuevas generaciones puede marcar la diferencia entre que el futuro nos defina a la tecnología como amiga o enemiga de la libertad humana. A este respecto me permito citar al doctor López Cerezo [3]:

“.. deberíamos promover la evaluación y control social del desarrollo científico-tecnológico, lo cual significa construir las bases educativas para una participación social formada, así como crear los mecanismos institucionales para hacer posible tal participación.”

Bajo este prisma, ¿quién tiene razón: organizaciones como la SGAE o los defensores del conocimiento y la cultura libre y accesible? ¿Es posible que toda la verdad se halle exclusivamente en uno de los bandos? ¿Puede existir un término medio, una posición de entendimiento? ¿Cuál es la solución que mejor respeta la libertad humana?

Un mundo en el que los hombres sean libres e iguales sería el paraíso en la Tierra. Un mundo así es difícil de lograr; y obligados a escoger, debemos poner la libertad por encima de la igualdad. Porque la ausencia de libertad conduce a la más desastrosa de las desigualdades e injusticias: el despotismo. Pero la desigualdad no conduce necesariamente a la ausencia de libertad”.

KARL POPPER
Citado en: Pipes, R. Propiedad y Libertad: La piedra angular de la sociedad civil. [4]

Y ésta parece ser la idea dominante en el mundo de hoy subyugado por los mercados: la alternativa al capitalismo es el despotismo. ¿Estais de acuerdo de con ella? ¿Es esto lo que queréis cuando votais a vuestros representantes?

M.Q.R.

Fuentes:

[1] Sued, Gabriela. [en línea]  Tecnologías de control y tecnologías de libertad: aportes para pensar la construcción de una nueva esfera pública en la era de Internet. En: Revista de Economía Política de las Tecnologías de la Información y Comunicación www.eptic.com.br Vol.VI, n.1, Ene-Abr. 2004. [consultado: 05-12-2011]. Enlace PDF.

[2] Bustamante Donas, J. [en línea]  Hacia la cuarta generación de Derechos Humanos: repensando la condición humana en la sociedad tecnológica. En: Revista iberoamericana de ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación, nº 1, septiembre-diciembre de 2001. [consultado: 05-12-2011] Enlace HTML.

[3] López Cerezo, J.A. [en línea] Ciencia, tecnología y sociedad: el estado de la cuestión en Europa y Estados Unidos. En:  Revista Iberoamericana de Educación. Número 18 - Ciencia, Tecnología y Sociedad ante la Educación. [consultado: 05-12-2011] Enlace HTML.

[4] Pipes, R. [en línea] Propiedad y Libertad: La Piedra Angular de la Sociedad Civil. [consultado: 05-12-2011] Enlace PDF.

Sociedad de la Información y transformaciones socioculturales

Está surgiendo “una nueva morfología social” (Castells [1]) donde todos los procesos y funciones se organizan en torno a la red y se conectan a través de los “conmutadores”,   constituyendo un nuevo sistema de poder descentralizado y distribuido en los nodos de la red por un lado y en los programadores (generadores de contenidos), sumergiendo a la sociedad actual en una transformación que todavía no sabemos muy bien cómo manejar para evitar, incluso, su posible autodestrucción. Poco a poco las redes lo enlazan todo – como nos recuerda Katz [2] - en un misma “dinámica de flexibilidad” y “lógica de interconexión”, incluyendo o excluyendo a los individuos por razones que pueden variar según el alcance geográfico, pero caracterizándose casi siempre por ser económicas, geográficas o culturales. La nueva Sociedad Red crece gracias a un sistema económico, fundamentado en la empresa-red y en las redes financieras, apuesta por la tecnología, la usa para crear su tejido nervioso informacional y arriesga mucho, a veces sin control, tras la utopía del beneficio para todos y bajo el espejismo de los grandes beneficios.

Se ha creado una nueva élite de privilegiados que manejan los hilos del conocimiento, materia prima de la transformación económica. Pero el nuevo sistema ha dado tremendos pasos atrás en materia social: la distancia entre ricos y pobres ha aumentando desorbitadamente, concentrando en unos centenares de familias tanta riqueza como en la mitad de la humanidad menos favorecida. La creciente segmentación social entre trabajadores “privilegiados” y “marginados” está alejando a las clases medias de los Estados a los que sustenta, derivando en una fractura profunda entre ciudadanía y política. El Estado del bienestar se encuentra en peligro, junto a los derechos que los trabajadores tardaron siglos en conquistar y la esperanza de que la utopía tecnológica de la Sociedad del Conocimiento pudiera equilibrar los desarreglos que nos había dejado la etapa industrial. La Sociedad Virtual no está logrando ser más justa ni más humana que su predecesora.

Si la Sociedad del Conocimiento, de la Información y de la Red resume realmente – como afirma Krüger [3] – las transformaciones sociales que nos acontecen y nos ha de servir para el analizarlas, deberíamos avanzar que los factores cognitivos, la creatividad, el conocimiento y la información han de contribuir cada vez más a la riqueza, pero no únicamente a la de la empresa como afirma Krüger, sino a la de la totalidad social. De lo contrario caeríamos en un reduccionismo económico que identificase sociedad y economía, producción y humanidad, consumismo compulsivo y civilización. Por ese camino únicamente hay algo seguro, la inmadurez colectiva y la instrumentalización de la persona al servicio de los objetivos económicos: una auténtica sociedad de robots, de carne y hueso, pero sin espíritu.

Nos encontramos pues en un momento crucial en relación con el triunfo o fracaso del nuevo paradigma del informacionalismo, porque no basta con la tecnología para crear una nueva cultura. Si la nueva Sociedad de la Información se aleja de un lenguaje (de hechos) comprensible para la ciudadanía podríamos encontrarnos ante un caso “de evidente no comprensión”, similar al citado por Lozano [4] en relación con la famosa conferencia del matemático Chebysev. Si la nueva sociedad quiere que sus miembros reciban el mensaje habrá de tener en cuenta que “emisor” y “destinatario” no son – como nos explica Lozano -  “meros polos, semánticamente neutros”. La comunicación, para ser efectiva y modificar la cultura, deberá constituir una transformación y no una mera transferencia de información: se requiere una construcción cultural de doble dirección, donde las sociedades y las tecnologías establezcan un diálogo fructífero.

Si los mensajes “seleccionan” a su público – como trata de explicar Lozano citando a Lotman – entonces no habrá una auténtica “Sociedad” del Conocimiento mientras una parte significativa del público “huya” del emisor. La nueva configuración social necesita, para integrar definitivamente el informacionalismo en su historia, hablar tantos lenguajes como sociedades (culturas) destinatarias formen la sociedad con mayúsculas, la de todos: plural, multicultural, horizontal y participativa. Se debe comprender que no es posible desligar el “texto” (mensaje cultural) del uso que el público hace de él y aceptar la afirmación de Lotman – citada por Lozano - sobre la “semioesfera” como “aquel espacio semiótico fuera del cual no es posible la existencia de la semiótica”. A semejanza de la biosfera, la semioesfera nos aporta un espacio unificado de significados, una aproximación a la cultura de todos donde ésta no es posible si si alguna de sus partes queda “excluida”.

En una Sociedad del “Conocimiento” son las universidades las instituciones sociales mejor posicionadas  para preparar a los ciudadanos para la trasformación social en marcha. El problema a que se enfrentan – en palabras de Casas [5] - no reside tanto en prepararnos para el uso de las tecnologías concretas, como “en la falta de un marco conceptual adecuado para guiar el uso de la tecnología”. Y esto es especialmente grave cuando afecta a los formadores  y dirigentes que teóricamente habrían de capacitar y guiar a las nuevas generaciones para enfrentarse con éxito a la imparable transformación social de la nueva Sociedad Red. El primer obstáculo, como bien determina Casas, es la “actitud” y sin dar un paso firme en esta dirección, no es probable que se pueda conseguir preparar a los estudiantes para la reorganización generalizada en red a la que se enfrentan. En este contexto hay que comenzar por entender – como sugiere Aiello [6] – que si para Mcluhan “el mensaje es el medio”, en la educación de hoy “el medio es el mensaje”.

[1] Castells, Manuel (2004).  La Sociedad Red: una visión global. Madrid: Alianza Editorial, 2006. De la política en los medios a la política red: Internet y el proceso político. UOC, Sociedad de la Información. Materiales de la asignatura.

[2] Katz, Claudio. [en línea] El Enredo de las Redes. Un Análisis Crítico de M. Castells. . [consulta: 02-05-2009]. Disponible: http://www.monografias.com/trabajos912/enredo-de-redes/enredo-de-redes.zip

[3] Krüger, Karsten. [en línea] El concepto de la “Sociedad del Conocimiento”. Revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales. universidad de Barcelona, 2006. [consulta: 02-05-2009]. Disponible: http://www.ub.es/geocrit/b3w-683.htm

[4Lozano, Jorge. [en línea] La semioesfera y la teoría de la cultura. Facultad de Ciencias de la Información (UCM). [consulta: 03-05-2009]. Disponible:  https://www.ucm.es/info/especulo/numero8/lozano.htm

[5] Casas, Miguel [en línea]. Nueva universidad ante la sociedad del conocimiento. Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento. 2005. [consulta: 03-05-2009]. Disponible: http://www.uoc.edu/rusc/2/2/dt/esp/casas.pdf

[6] Aiello, Martín. [en línea] El blended learning como práctica transformadora.Universitat de Barcelona. [consulta: 03-05-2009]. Disponible: http://www.lmi.ub.es/te/any2004/documentacion/2_aiello.pdf

Redefinición democrática en la Sociedad Red

Nos dice Castells [1] que vivimos un cambio multidimensional: tecnológico, económico, cultural y político, transformador del ámbito político y también del ideológico. No sabemos muy bien hacia dónde nos llevan dichas transformaciones, aunque sí percibimos algunas de sus cualidades: es un cambio etnocéntrico, exportador de unos parámetros propios de las culturas occidentales (USA y Europa), que se ha ido extendiendo a través de los medios de comunicación de masas y acelerando su propagación en profundidad con el despegue de Internet. Todo se modifica a su paso, amplificándose con nuevas incorporaciones tan radicales como las aportadas por la genética y la biología.

En este panorama no ser fatalista es una cosa y otra muy distinta sería cerrar los ojos a la importancia tan radical de las transformaciones que acontecen. Una de ellas, sobre la que nos centramos aquí, trata de los avances del neoliberalismo – “ideología peligrosa” en palabras del mismo Castells [1] – y de cómo afecta a una posible redefinición democrática en el seno de la Sociedad Red. Ya parece un hecho ampliamente aceptado la responsabilidad directa de la mencionada ideología sobre los males de la globalización: “quita la última posibilidad de que haya algún tipo de control sobre unos flujos globales que hoy por hoy tienen enormes efectos destructivos” (Castells [1]), creando como efecto más directo un empobrecimiento de las clases medias que sustentan el Estado tradicional.

Según Castells [1] las grandes agrupaciones supra-estatales (Unión Europea, Mercosur, etc.) constituyen una posible defensa frente a la peligrosa desvinculación Estado-clases medias, pero también se requiere un nuevo estilo de negociación y flujo comunicativo donde el ciudadano se sienta participativo y perciba que su identidad está siendo respetada (medidas descentralizadoras regionales y locales). Es fundamental definir un proyecto colectivo pero respetuoso con las peculiaridades de sus integrantes.

Quizás aquí tengan algo que decir los ambientes académicos, aportando novedades como la sustitución de las tradicionales teorías de las “fuerzas sociales” por las propuestas metodológicas radicales de la teoría actor-red (Latour [2]). Desde el ámbito de las Ciencias Sociales se deberán crear nuevos instrumentos asociativos que ayuden a la cohabitación de las diferencias dentro del conjunto. La nueva democracia necesita de la convivencia y cooperación de los ámbitos globales y locales.

¿Podrán convivir la democracia y la lógica de mercado en la nueva Sociedad Red? En la actualidad esto es únicamente cierto para un sector de ciudadanos privilegiados, los económicamente pudientes e instruidos, representando según el P.N.U.D.[3] solamente al 17% de la población mundial. La “desigualdad de acceso” y “asimetría de fuentes de información” dominan Internet y crean – en opinión de Lozada [4]- una justificada preocupación sobre las posibles  “virtudes” democratizadoras de la Red.

Lo que cada día parece más evidente es la urgente necesidad de poner coto a los frecuentes desmanes cometidos por miembros de la clase política, pues estos desaniman al ciudadano y lo alejan del ámbito de lo público, facilitando así que éste caiga en manos de los sectores más “interesados” y menos democráticos. Si la cultura política es, como dice Caciagli [5], “una red de relaciones” donde los dirigentes y los ciudadanos “comparten metas y valores“, no podremos afrontar un futuro democrático sin terminar antes con la corrupción de lo público. Evidentemente que todo empieza por ponerla de manifiesto, como así hacen los medios, pero eso no basta para devolver la confianza a la ciudadanía. Si los políticos se sitúan al margen de la justicia, ésta no conseguirá el necesario respeto de la ciudadanía y si fallan dos aspectos tan vertebrales de la democracia, entonces… ¿cuál es el futuro?

Referencias:

[1] Castells, Manuel. [en línea] Globalización, sociedad y política en la era de la información. [consulta: 30-05-2009] Disponible: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/748/74810408.pdf

[2] Latour, Bruno. [recensión en línea]  Reassembling the social. University Press. Oxford, 2005. [consulta: 1-06-2009] Disponible:
http://www.ucm.es/BUCM/revistas/cps/11308001/articulos/POSO0606330127A.PDF
[3] P.N.U.D. (1999). Informe sobre Desarrollo Humano 1999, publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Ediciones Mundi-Prensa.

[4] Lozada, Mireya. [en línea] Política en red y democracia virtual: la cuestión de lo público. [consulta: 1-06-2009] Disponible:
http://www.globalcult.org.ve/pub/Clacso2/lozada.pdf

[5] Caciagli, Mario. [en línea] Clientelismo, corrupción y criminalidad organizada. [consulta: 1-06-2009] Disponible:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/509/50901516.pdf

 

La brecha dentro de la brecha

Se habla mucho hoy en día de la cantidad de ciudadanos que carecen de acceso a las tecnologías de Internet en los países avanzados. También se acepta como cierto el hecho de que en todos los países existen grupos privilegiados en relación con el acceso a Internet, sujetos a un perfil bien diferenciado con respecto a los que carecen de Internet. Los que tienen mayores capacidades de acceso suelen corresponderse con los  detentadores de altos ingresos, mejores niveles de educación, sexo masculino (esta diferencia parece que afortunadamente se va diluyendo) y jóvenes-estudiantes.

Pero no se suele discutir tanto sobre la “gran brecha”, esa directamente relacionada con la geografía de los países y que parece escindir claramente la separación de la “geografía de Internet” en dos perfiles de ciudadanos perfectamente delimitados: los que habitan en países con acceso y los que han nacido y continúan en zonas de este mundo donde ni tan siquiera hay un enchufe para conectar un ordenador. ¿Parece exagerado? Pues echémosle un vistazo a una simple pero ilustrativa imágen que incluimos a continuación.

Flujo electricidad mundo

Como podemos observar hay zonas (Africa, como siempre) de nuestro avanzado mundo digital que aún hoy permanecen “apagadas”. Y si ni siquiera les llega corriente eléctrica, ¿no es absurdo esperar que accedan a Internet? Las personas están discriminadas por razón de renta en cuanto a sus posibilidades, quizás esa sea la base de la brecha digital en el mundo iluminado. Pero la geografía física establece una brecha dentro de otra, una brecha de negrura dentro de la claridad. Y curiosamente la frase encaja perfectamente con el color de la piel de sus habitantes mayoritarios. ¿Puede ser por casualidad?

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) afirma la existencia de discrimación entre ciudadanos por razón de las zonas geográficas donde habitan: quienes viven en en zonas urbanas tienen mayores posibilidades de acceso a Internet que los habitantes de las zonas rurales. Pero esa es la brecha exterior. La otra, la brecha dentro de la brecha, está en relación con de qué area geográfica estemos hablando.

Ancho de Banda

¿Es de extrañar la distribución del ancho de banda disponible para las conexiones de Internet que nos muestra la imagen?. En fín, parece bastante lógico que esté en íntima relación con la disponibilidad del flujo electrico mostrada en la primera imagen. Pero echemos un vistazo a las cifras de usuarios de Internet por regiones del mundo y veremos si coincide.

Usuarios Internet 90

Distribución de usuarios de Internet en los 90. Fuente An Atlas of Cyberspace

Y a continuación podemos echar un vistazo a los datos relativos al año 2002, para mejor comparar la posible evolución.

Usuarios Internet 2002

En los años 90 los países Africanos por un lado y Oriente Medio por otro (en este caso quizás más por razones culturales/religiosas) se llevaban la palma en lo relativo a “brecha digital” (The Atlas of Cyberspace, by Martin Dodge and Rob Kitchin), pero en la década siguiente no han avanzado prácticamente nada. Según el informe de Africa ICT Indicators 2007, sólo un 5,34% de la población africana tiene acceso a Internet y en la zona Subsahariana disminuye al 3,23%. En realidad la situación es peor de lo que indican estas estadísticas, pues la mayoría de las conexiones se realizan en Sudáfrica o en el Norte de Africa quedando vastas regiones del Africa central y Tropical en el más profundo olvido: Sierra Leona (0,19%), Niger (0,28%), Mozambique y Mauritania (0,90%), Madagascar (0,58%) y Etiopía, República Centroafricana y Congo (en torno al 0,30%), son algunos de los más sangrantes ejemplos de nuestra “brecha dentro de la brecha”.

Sobre una población africana de alrededor de 975 millones de personas en el año 2008, no llegan a 50 millones los que tienen acceso. Además la distribución de dichos privilegiados está claramente alejada de las zonas más amplias (Africa Ecuatorial y Tropical), donde ni tan siquiera existe disponibilidad de flujo eléctrico. No hemos abordado aquí otro importante factor, el de la capacitación para el uso productivo de las nuevas tecnologías. Pero es supérfluo considerar este segundo factor en ausencia del primero. Lo cierto es que esto más que una brecha digital parece un verdadero “agujero negro” y una auténtica sima de la verguenza humana. Parece que en la cultura de internet se está imponiendo claramente la exclusión. ¿A qué clase de cultura nos dirigimos?

La brecha digital ha llegado ¿para quedarse?

Nos explican Wayne y colaboradores - Capítulo 11 del libro de Castells 2006 [1] - que la brecha digital no es tanto una cuestión de raza sino de renta, educación, edad y situación laboral. Pero claro, su estudio se centra en los afroamericanos del área metropolitana de Detroit, para los cuales lo esencial es conocer dónde está el trabajo y así poderse dirigir hacia las oportunidades de empleo, siendo Internet una buena herramienta para este colectivo y colaborando así a vencer la separación y la exclusión. Está claro que semejante referencia no sirve como un buen marco de valoración de las posibles relaciones entre brecha digital y etnias por ser demasiado restrictivo.

acceso internet
Tomado de Observatorio para la Cibersociedad: http://www.cibersociedad.net/

Sobre este tema me parece interesante comenzar por acercarse un poco más al concepto de brecha digital. Siguiendo la opinión de Tony Hernández [2] habría que apartarse de la simplificación de considerar únicamente a las tecnologías per se como único epicentro de las diferencias que puedan existir. Para explicar el feómeno en diversos contextos será necesario contemplar la existencia de variables muy influyentes como pueden ser otro tipo de “brechas” del estilo de las culturales, valores, sociales, generacionales o linguísticas. No de otro modo se podrían explicar datos tan significativos como los aportados por dicho autor para el año 2004: el porcentaje de población conectada en Africa sería de 1,5% y en Oriente Medio del 2,10% (lo cual a penas ha mejorado en la actualidad - o incluso empeorado en Oriente Medio- como se puede apreciar en el segundo gráfico). La pobreza que reina en Oriente Medio no es tan exagerada como la de Africa, pero la penetración de Internet es semejante por lo exigüa y si no se trata de economía habrá que pensar en otros factores: ¿socio-culturales?, ¿religiosos?….¿cuáles?.

Por otra parte existe una discusión aún abierta sobre si los medios de comunicación ayudan a disminuir las distancias entre las poblaciones o sirven para acrecentarlas. Si los medios de comunicación representan avances tecnológicos, esos avances siempre van a tender a beneficiar a unos sectores sociales sobre otros. En este sentido dice George Landow [3] que “una tecnología siempre confiere poder a alguien. Da poder a los que la poseen, a los que la utilizan y a los que tienen acceso a ella”. Es evidente que las diferencias en cuanto a “posesión” son mayúsculas y yo añadiría no solo en cuanto a “posesión de uso” sino también capacidad de fabricarlo, reproducirlo y - lo más importante - entenderlo: poseer un transistor no significa saber cómo funciona ni tener capacidad para repararlo cuando se estropee.

Accesos Internet en el mundo

A destacar: África con un 3,5% y Oriente Medio con un 2%.
Tomado de: http://www.atraczion.com/
Estadísticas de uso de Internet en 2008.

Lo que sí parece quedar claro en toda discusión es la importancia de las variables socioeconómicas y cognitivas sobre las posibilidades de aprovechamiento de Internet y las TIC: incluso poblaciones pobres y marginales pueden beneficiarse de las ventajas de la red con una adecuadas políticas sociales y educativas, donde los estatementos públicos y organizaciones concienciadas compensen las deficiencias económicas de partida, facilitando el acceso a medios de conexión (como en el caso de la iniciativa Guadalinfo [4]) y además, junto a iniciativas tanto públicas como privadas (el caso de la Red USI en Uruguay [5]), promuevan una educación tecnológica que ayude a sobrellevar y vencer las dificultadas culturales y familiares en los niveles de conocimiento que suelen constituir la verdadera puerta de acceso a los beneficios de la nueva sociedad red.

Lo cierto es que los países en vías de desarrollo no están accediendo a las posibilidades que acompañan a Internet y al resto de nuevas tecnologías, ni en el aspecto material de una mejora de comunicaciones ni mucho menos en la vertiente educacional necesaria para aprender a sacarle partido a unas tecnologías para ellos extrañas. Si esto sigue así, no cabe duda que se convertirá en una “segregación tecnológica” [6] que contribuirá a ensanchar las ya enormes distancias entre los estamentos pobres y ricos que tratan de coexistir en una misma piel de éste, nuestro único mundo. Creo que Oscar del Álamo tiene toda la razón cuando dice que la brecha digital existe y no va a desaparecer por sí sola: se necesita una acción conjunta, y a ser posible coordinada, de los estamentos gubernamentales, internacionales y privados, para tener alguna posibilidad de victoria frente a esta nueva amenaza a la que se enfrenta la cada vez más atribulada humanidad.
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Referencias:

[1] Castells, Manuel. La sociedad red: una visión global. Alianza Editorial. Madrid, 2006.

[2] Hernandez, Tony. [en línea]. El rol de las bibliotecas ante la brecha digital. Publicado en: Pez de Plata: Revista de Opinión para el Desarrollo de las Bibliotecas Públicas. Tercer Trimestre del 2004. Edición N° 3, ISSN: 0718-0039. [consultado: 28-04-2009]. En: http://e-archivo.uc3m.es/dspace/bitstream/10016/866/1/01brecha.pdf

[3] Landow, George. Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, (Barcelona), Paidós, 1995, pág. 211.

[4] Rodríguez Sánchez, José María. [en línea]. Guadalinfo, un Programa contra la “brecha digital“.Dirección General de Sistemas de Información y Telecomunicaciones. Junta de Andalucía. [consultado: 29-04-2009]. En: http://www.juntadeandalucia.es/economiayhacienda/web/economia/estudios/bea/descarga/TOMO_33/BEA33_388.pdf

[5] Red USI. [en línea]. Su objetivo específico es la creación, conservación y desarrollo de una red de infocentros comunitarios de distintas clases operados por contrapartes públicas o privadas, para proveer servicios públicos de uso de equipos informáticos, de acceso a Internet y de capacitación en informática, en condiciones accesibles para la población objetivo. [consultado: 29-04-2009]. En: http://www.usi.org.uy/es/index.html

[6] Del Álamo, Oscar. El desafío de la brecha digital. [consultado: 29-04-2009]. En: http://www.el4ei.net/esp/biblioteca/Textos%20biblioteca%20v1.0/problemas/falta%20de%20informacion/organizacion/el%20desafio%20brecha%20digital.pdf

re-Conocimiento y salud mental

Se dicen muchas cosas sobre esta nueva Sociedad del Conocimiento. Se la caracteriza por trabajar en red y procesar enormes cantidades de información mediante el uso de las herramientas aportadas por las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. También se afirma que se estructura mediante conocimientos multidimensionales y crece gracias al talento y la imaginación. Investigación, desarrollo tecnológico e innovación (I+D+I) parecen ser los tres grandes pilares de esta mesa de ajedrez en la que el mundo se ha convertido.

Lo cierto es que se han multiplicado los espacios interpersonales y colectivos para compartir y crear conocimiento en la esfera de Internet. El material disponible es ingente y como nos dice Teemu Leinonen “Si hay conocimiento libre disponible en el web, tendrá más sentido que los gobiernos inviertan en conectividad”, aunque solo sea para seguir ampliando el tablero de juego.

Según NetCraft el número de páginas web que actualmente existen en el mundo ha pasado de 30 millones hace cuatro años a 40 millones hace un año y a más de 50 millones en Abril de 2009, distribuidas en 231 millones de dominios de internet. La velocidad de crecimiento asusta ciertamente, pero más miedo daría tener que leerse todo ese material. En relación con la manera en que “volamos” por encima de todo ese material informativo Nicholas Carr, en un interesante artículo  titulado “Is Google Making Us Stupid?” plantea que Internet cambia nuestro modo de leer y consecuentemente nuestro pensar. El trabajo no va dirigido contra Google, sino que se concentra en cómo la facilidad de conseguir información dificulta nuestra capacidad de leer con profundidad y de pensar con intensidad ya que los instrumentos que utilizamos modelan nuestro cerebro y la forma en que concibe el entorno y reflexiona sobre él: nuestra exploración del mundo de la información se hace más superficial conforme aumenta la velocidad a la cual nos movemos a su través.

El citado autor ve a Google como una compañía que aplica al pensamiento el modelo de eficiencia del trabajo físico expuesto por Taylor: la subdivisión de un problema global en partes más pequeñas y menos complejas cuya solución sea más inmediata y programable (automatizable). Este modelo de pensamiento algorítmico - mecánico- nos está reprogramando y reconvirtiendo el pensamiento humano intuitivo e integrador en un modelo discreto de razonamiento, una especie de  “inteligencia artificial” humana. Al final de su artículo deja planteada la posibilidad de estar siendo estudiados y manipulados por un sistema que no fomenta el pensamiento profundo y que tampoco se interesa por los ámbitos del pensamiento no susceptibles de ser analíticamente reducidos a subtareas específicas. Se expone no obstante que esta transformación supone la evidencia de perder algo, pero todo cambio anterior (alfabeto, imprenta, etc.) supuso una sorprendente riqueza cognitiva, más alla de la inicialmente esperada por los críticos. Para Carr es evidente que Internet nos está cambiando, aunque todavía no sabemos en qué.

Sabemos que las transformaciones sociales pueden llegar a tener un gran impacto sobre la salud mental - como nos explica Josep Moya i Ollé - y que la interconexión total del mundo está cambiando a un ritmo vertiginoso muchas estructuras sociales, económicas y políticas, sometiendo a los individuos a tensiones cuyos límites pueden convertirse en insoportables (aumento de los síndromes depresivos y ansiosos en individuos que ven el mundo como una amenaza). Lo temporal, lo efímero y lo incierto parecen haber ganado la partida y ello está repercutiendo en nuestra conducta y en nuestras creencias. Comenzamos a aceptar lo accidental, sin rebelarnos contra la pérdida de nuestros trabajos, de nuestras familias e, incluso, de nuestras ilusiones. No consideramos crítica la renuncia de nuestros gobiernos al “estado del bienestar” que tanta lucha ha costado a las generaciones que nos precedieron y nos parece normal que se restrinjan las medidas políticas de protección social mientras se refuerzan las que dan soporte al desarrollo económico de las grandes empresas. No levantamos la cabeza ni aún en los momentos en que las salvajes medidas del capitalismo dejan en la miseria a millones de personas mientras realimentan sus arcas con los dineros que salen de nuestros bolsillos de humildes ciudadanos.

Parece que Nicholas Carr tiene bastante razón al observar un cambio en las estructuras mentales de los internautas: nuestras conciencias se ven cada vez más diluidas en las aguas aparentemente tranquilas de la superficie del océano de conceptos confiables (Langdon Winner. Internet y los sueños de una renovación democrática). Mejor navegar por encima que sumergir la cabeza; no vaya a ser que en una de esas veamos algo que no queremos contemplar. No obstante, alguna vez el nadador saldrá a la arena de la playa, aunque solo sea para reposar de tanto agobio informacional. Cuando observe reflejada en la superficie su imágen y si - como dice Carr - reconoce en el reflejo a un estúpido, ¿le echará la culpa a Google o despertará y comenzará a luchar por el futuro de la democracia?

Ética Hacker: ¿evolución, revolución o cooperación?

El concepto revolucionario del hacker aparece estrechamente ligado al libro de Steven Levy’s (1984) “Heroes of the Computer Revolution” (se puede leer online en Project Gutemberg: http://www.gutenberg.org/catalog/world/readfile?fk_files=36095 ). En dicha obra se apuntan varias ideas cuya apariencia es efectivamente revolucionaria en medio de una sociedad capitalista donde “todo” es propiedad de alguien. Estas son (abreviadamente) tales ideas:

  • El acceso a los ordenadores y a cualquier cosa que te enseñe algo sobre cómo funciona el mundo, debe ser ilimitado y total.
  • Toda la información debe ser libre.
  • Hay que desconfíar de la autoridad y promover la descentralización.
  • Los hackers deben ser juzgados por sus acciones y no por falsos criterios como edad, título, raza o posición.
  • Es posible crear arte y belleza en un ordenador.
  • Los ordenadores pueden cambiar tu vida para mejorar

Por otra parte, en el campo de lo revolucionario, aparece Phrack (www.phrack.com),  el periódico “oficial” de phreacker/hacker editado en inglés desde 1985. Un phreacker es alguien que hackea (rompe, transpasa las barreras) las líneas telefónicas y consigue llamar grátis a cualquier parte del mundo. Así Phrack Magazine, revista gratuita en formato ASCII (otro símbolo de no sujección a contratos ni derechos de autor) coloca en el mismo estatus tanto a los expertos en atravesar barreras informáticas como a los que extienden su actividad a las redes de comunicaciones telefónicas. Para Phrack el hacking es concebido como una tecno-revolución.

El mundo revolucionario del phreacker/hacker se apoya en 3 principios básicos:

  1. Los hackers rechazan la idea de que los negocios son el único grupo con derecho al acceso y uso de la moderna tecnología.
  2. El hacking es considerada como la mayor arma en el combate contra los abusos de la tecnología informática.
  3. El alto costo de los equipos se sitúa más allá de los medios  de la mayoría de los hacker, lo que resulta en la percepción de que hacking y phreaking  son el único recurso para  propagar la lituratura informática a las masas.

Como se puede observar, desde esta perspectiva la ideología hacker se adapta bien a la definición de “Revolución” que podemos encontrar, por ejemplo, en Wikipedia: “cambio o transformación radical y profundo respecto al pasado inmediato”.

Abundando en la perspectiva revolucionaria no podemos dejar de citar a Richard Stallman (http://project.cyberpunk.ru/idb/hacker_ethics.html), antiguo hacker del mítico Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT (1971), quien fundó el proyecto GNU en 1984 con el objeto de desarrollar un sistema operativo libre. Según él los hackers se caracterizaban por lo siguiente:

  • Las reglas no eran importantes, lo eran los resultados.
  • El orgullo de eliminar cualquier obstáculo en el camino.
  • Eran normas del hacker: mantenerse a salvo , no dañar las cosas ni a las personas y ser divertido .

Igualmente interesante nos parece citar a Castells en este enfoque del hacker como luchador revolucionario (Castells, Manuel. La galaxia Internet, reflexiones sobre internet, empresa y sociedad. Areté, Barcelona, 2001.p.23): “La creación y desarrollo de Internet es una extraordinaria aventura humana. Muestra la capacidad de las personas para trascender las reglas institucionales, superar las barreras burocráticas y subvertir los valores establecidos en el proceso de creación de un nuevo mundo. A su vez,  sirve para respaldar la idea de que la cooperación y la libertad de información pueden favorecer la innovación en mayor medida que la competencia y los derechos de propiedad.”

Otros autores sin embargo mantienen planteamientos menos frentistas sobre el fenómeno hacker y permiten contemplarlo en cuanto “evolución” natural de las actividades humanas. Veamos un pequeño compendio de sus ideas:

  • Interesante resulta al respecto lo que nos dice Luis Villoro “Sobre el concepto de Revolución” (http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/15/RCEC_11_275.pdf), caracterizándola como un concepto “moderno” que implica “vuelco de la historia: ruptura, corte que niega una época e inicia una nueva”, pero puesto en crísis “por su imprecisón”.
  • También encontramos significativo a Hugo  Pardo (http://www.ub.es/prometheus21/articulos/obsciberprome/hugopar.pdf ), autor que magnifica la intercreatividad, la solidaridad y el bien común y reconoce que fueron “banderas imprescindibles en la creación de la red” pero que también reconoce que sin los hackers como promotores de este espíritu, ni los ordenadores personales ni internet existirían como hoy se conocen.
  • En el caso de Mauricio  Suarez, “Reinterpretando la obra de T. S. Kuhn” (Structure of Scientific Revolutions), son interesantes las puntualizaciones siguientes (http://fs-morente.filos.ucm.es/docentes/suarez/publications/Hacking%20Kuhn.pdf ):a) El conocimiento científico del mundo está recogido no solamente en las teorías de la ciencia, sino también en sus descripciones fenomenológicas, en sus prácticas y técnicas (experimentales y teóricas), y en sus instituciones.
    b) “[…] afirmar una forma de optimismo epistemológico en la ciencia, en la forma de un crecimiento cumulativo del conocimiento fenomenológico en la historia de la ciencia”.

Finalmente, podemos citar algunos autores de cuyas ideas se puede desprender un enfoque de la actividad del hacking volcado hacia la “cooperación”, un aspecto menos belicista, nada fatalista (como podría llegar a ser considerado el enfoque evolucionista) y más voluntarioso que los dos anteriores.

Algunas ideas interesantes de Wesson, R., Williams, P. En: “Evolution and Human Values, 1995″ (http://books.google.com/books?id=4PoRaE5w3q4C&hl=es):

  • La competitividad inherente a las leyes de la evolución natural choca con la naturaleza cooperativa del ser humano.
  • Los humanos pueden desarrollar éticas independientes de las leyes de la selección natural.

Según los autores Depew, D.  Weber, B. , bien conocidos por su obra “Natural Selection and Self-Organization (1996)” (Springer Netherlands):

  • La evolución social favorece la peculiar combinación de competitividad y cooperación.
  • La revolución de la complejidad estaría gobernada por la interacción entre selección natural (beneficio puro) y cultura cooperativa.
  • El azar, la auto-organización y la selección natural pueden ser conceptualizados como fuentes de “orden” en los sistemas biológicos.

Así pues, como podemos ver en Depew y Weber se vislumbra una síntesis de las tres posturas, lo cual trasladado al dominio del hacking nos llevaría a comprenderlo como parte integrante de la “revolución de la complejidad”.

También se pueden clasificar la evolución natural y la auto-organización en cuanto componentes básicos de la vida biológica, como nos explica Tomás García Azkonobieta en su tésis “Evolución, desarrollo y (auto)organización” (http://www.ehu.es/ias-research/garcia/TESIS.pdf ), pero sin olvidar que caminan de la mano en continua interacción, puesto que “la selección natural selecciona ante todo propiedades (auto)organizativas, y a su vez, que ésta sólo aparece como resultado de la dinámica (auto)organizativa”.

Y, finalmente, todo ello parece situarse en línea con las tésis de Castells (“Informacionalismo, redes y sociedad red: una propuesta teórica”; en “La Sociedad Red: una visión global”. Alianza Editorial, 2004) sobre la influencia de la cultura en la reprogramación de la sociedad red y, especialmente, la capacidad de las ideas (y de los que las aportan) para programar los objetivos: así los hacker podrían ser considerados como re-programadores sociales con la principal meta de construir una red cooperativa global y compensar por esa vía las tendencias individualistas del ultracapitalismo reinante en la sociedad moderna. No dejarían de ser factores auto-organizativos, compensatorios de la fría lógica de la selección natural.

La compañía de un libro

Estoy de acuerdo en que las nuevas tecnologías nos hacen más selectivos a la hora de adquirir libros en papel. En mi caso, cada vez que me planteo comprar un nuevo libro me lo pienso mucho e investigo en la red, busco comentarios, opiniones, críticas, resúmenes, etc. Únicamente me decido a incorporarlo a mi biblioteca si entiendo que no será un libro de esos que lees como mucho una vez y destierras al olvido. Invertir en un libro tradicional requiere para mí valores añadidos, cuasi afectivos diría yo, que me aporten contenido - por supuesto - pero también promesa de futuro.

No se si la llegada de los nuevos artefactos de última generación (el Sony Reader, el Hanlin Eboo Reader, el Amazon Kindle, el Bookeen Cybook, el Irex Iliad o el StarEbook) cambiará mis posiciones al respecto. Es posible que sí en cuanto mejoren algunos aspectos como la portabilidad, la visibilidad y la disponibilidad de contenidos. Quizás cuando definitivamente permitan garrapatear comentarios, seleccionar texto, remarcarlo, etc… puede que entonces - y si dejan de costar 400 Euros - me decida a dar el salto. Por el momento me sigue cautivando el tacto del papel y la compañía que me aporta en algunos momentos poco agraciados.

Saludos!